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Administrador: Jesús Helí Giraldo Giraldo. Presidente de Asecauca capítulo Bogotá. asecaucabogota@gmail.com

Condolencia por la muerte del Subteniente Julián David González Herrera

Julian David 15 dias antes de su partida con su bisabuela Ana Faustina Tejada. Foto cortesía de Nelly Valdés Tejada

ASOCIACIÓN DE EXALUMNOS DE LA UNIVERSIDAD DEL CAUCA

ASECAUCA CAPÍTULO BOGOTÁ

Bogotá, 25 de marzo de 2026

Dra.

NELLY VALDÉS TEJADA

FAMILIA GONZÁLEZ VALDÉS

Y GONZÁLEZ HERRERA

Bogotá

El subteniente JULIÁN DAVID GONZÁLEZ HERRERA figura entre los oficiales que perdieron la vida en el lamentable accidente del avión Hércules C 130 de la Fuerza Aérea Colombiana FAC, ocurrido en Puerto Leguizamo Putumayo, el pasado 23 de marzo de 2026.

Julián David era nieto de la abogada, asociada de Asecauca y miembro de su junta directiva, Zenayda Valdés Tejada (QEPD), hermana de Nelly, nuestra compañera en Asecauca Bogotá desde los primeros años de fundación, en la cual se desempeñó como Tesorera. La cercanía de Nelly con Julián David era muy grande, su casa era el lugar donde Julián David venía a visitar a su bisabuela Anita Tejada (madre de Nelly), quien en febrero de 2026 cumplió ciento once (111) años.

Apreciada Nelly, en nombre de Asecauca capítulo Bogotá y de su junta directiva, me permito expresar nuestro sentimiento de pesar, solidaridad y acompañamiento espiritual en estos momentos de inmenso dolor por la trágica partida de un ser entregado al servicio de Colombia y al amor de su familia. Por tu intermedio queremos manifestar nuestro abrazo de condolencia a las familias González Valdés y González Herrera.

Nuestra consideración y aprecio. Cordialmente

JESÚS HELÍ GIRALDO

Presidente

Calle 67 #9-20 Apto 402. Teléfono 3005651159. asecaucabogota@gmail.com. Bogotá

Palabras de Julián Gonzáleź Valdés en las exequias de su hijo Julián David González Herrera el 29 de marzo de 2026.

Hijo de nuestra alma,

Hoy el silencio pesa más que nunca. Es un silencio profundo, de esos que no se llenan solo con palabras, porque ninguna alcanza a describir lo que sentimos desde que partiste. Sin embargo, en medio de este dolor inmenso, también habita un orgullo que crece, que se levanta firme y que nos sostiene.

Desde pequeño llevabas en el corazón ese espíritu valiente que te hacía mirar al cielo con sueños grandes. No elegiste un camino fácil, elegiste uno de servicio, de disciplina, de entrega. Te convertiste en piloto, te convertiste en copiloto de un poderoso Hércules C-130, pero más allá de los títulos, te convertiste en un guardián de vidas, en un hombre que entendía que su misión iba más allá de sí mismo.

Mientras el destino se tornaba incierto y el peligro se hacía presente, tú no dudaste. Donde muchos hubieran pensado en huir, en salvarse, tú pensaste en los demás. Sesenta personas siguen hoy respirando, abrazando a sus familias, viviendo sus historias… gracias a ti y a tu tripulación. Porque en ese instante decisivo, entregaste lo más valioso que tenías: tu propia vida.

Donde otros ven tragedia, nosotros vemos tu grandeza. Donde hay lágrimas, también hay gratitud. Porque tu vida tuvo propósito, porque tu sacrificio fue amor en su forma más pura.

¿Cómo se mide un acto así? ¿Cómo se honra un sacrificio tan grande?

No hay medida humana que alcance. Solo nos queda reconocer que tu vida fue extraordinaria, que tu partida no fue en vano, y que tu nombre quedará escrito no solo en la memoria de quienes te amamos, sino en la historia de quienes hoy viven gracias a tu valentía.

Nos duele profundamente no tenerte aquí. Nos duele tu ausencia en la mesa, en las conversaciones, en los días simples que ahora se sienten incompletos. Nos duele no poder volver a abrazarte, no escuchar tus palabras, no ver tus ojos llenos de vida y tu sonrisa. Ese dolor es real, es constante… pero convive con algo más grande: el amor eterno que sentimos por ti.

Hijo amado, no te fuiste del todo.

Vives en cada recuerdo, en cada enseñanza, en cada valor que nos dejaste. Vives en el orgullo que sentimos al decir tu nombre. Vives en el cielo que ahora miramos con otros ojos, sabiendo que allí, entre las alturas que tanto amabas, sigues volando libre, sin límites, sin miedo.

Eras más que un uniforme, más que un rango, más que una misión. Eras hijo, eras amigo, eras compañero, eras luz. Y esa luz no se apaga con la muerte, esa luz se transforma… y ahora ilumina desde lo eterno.

Hoy lloramos tu ausencia, sí. Pero también celebramos tu vida, tu entrega, tu grandeza. Porque no todos nacen para dejar huella, y tú dejaste una que jamás se borrará.

Gracias por tu coraje.
Gracias por tu amor silencioso.
Gracias por tu sacrificio.
Gracias por tu último acto, que fue el más grande de todos.

Siempre serás nuestro hijo.
Siempre serás nuestro orgullo.
Siempre serás nuestro héroe.

Y mientras exista cielo… sabremos que allí estás.

Con amor infinito y eterno,

Tu familia

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