Por: Jesús Helí Giraldo Giraldo


Descripción
Crecer ante el obstáculo y seguir de frente hasta llegar a su destino representa la satisfacción más grande para quien ha logrado su propósito. Sentado en la cima de la montaña se divisan abajo los escalones ascendidos, los triunfos y fracasos, sólo pasajeras pruebas de fortaleza escondidas en el valor de quien cree en sí mismo.
Ver las rocas dejadas en el camino, las montañas superadas y las tempestades sometidas a su voluntad es la grandeza de la persistencia, de la confianza y del valor. La crisis de la universidad pública en Colombia durante las décadas de los años sesenta y setenta del siglo pasado frustraron los sueños de muchos jóvenes y fortalecieron el recio carácter de otros.
La situación social, económica y política sacudía la sociedad, los gobiernos latinoamericanos sentían la presión de la revolución cubana, la revolución cultural china y la lucha contra las dictaduras militares, todo esto sacudía las universidades, las huelgas y manifestaciones eran la constante, el pensamiento socialista aparecía como solución a las tiranías y desigualdades, a ello se oponía el ‘macartismo’ que veía el lobo del comunismo por doquier, la persecución a los activistas estudiantiles y líderes populares también crecía. Fueron muchas las universidades cerradas y grandes los recortes presupuestales, la pérdida de semestres era una constante, imposible concluir los estudios en el tiempo programado.
A esto hay que adicionar las dificultades económicas, los trabajos perdidos, toda una lucha sin cesar representó para el universitario protagonista superar todas las amenazas y poderse levantar de cada caída y seguir adelante. ‘De una juventud que mire más arriba y más lejos precisa el mundo’, decía un papa en su carta pastoral, el protagonista trataba de sostener la mirada en ese postulado enfocado en la meta propuesta, su grado de ingeniero.
En la Universidad del Quindío, primero, con huelgas todos los semestres, luego en la Universidad Tecnológica de Pereira y finalmente, la Universidad del Cauca, también con paros incluidos, tres instituciones educativas y tres ciudades, Armenia, Pereira y Popayán, fueron escenarios de la lucha que significó la realización de una carrera y de los exigentes esfuerzos para ascender hacia la cúspide, además, las maravillosas experiencias personales, el aprendizaje de la controversia estudiantil y las luchas sociales hacen parte fundamental del contenido de este libro.
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-Me acaba de informar Julieta que usted quiere irse de la oficina, si está aburrido trabajando con Gisela, lo comprendo, yo sé que ella es acelerada y difícil de entender, no se preocupe, aquí en mi propio despacho podemos hacerle espacio -, me dijo el Dr. Bernardo Ramírez Granada, secretario de Educación del Quindío, mientras saboreaba unos granos de maní y caminaba de un lado a otro de su oficina, cuando llegué con su secretaria desde la oficina de Escalafón y Becas.
Era el Dr. Ramírez un importante personaje, abogado y escritor quindiano, diligente historiador, sus crónicas eran transmitidas los domingos en un programa radial en la Voz de Armenia, -“Crónicas de Dionisio”-, de ellas dialogábamos los lunes en la oficina, admiraba mi interés por la historia y la literatura, a veces me dejaba la responsabilidad de redactar comunicados oficiales para los medios de comunicación.
Llegué a esa oficina, ubicada en el tercer piso del edifico de la gobernación, hacía menos de dos años, invitado por Gisela y sus compañeras de trabajo cuando nos conocimos en una ‘Fiesta del Maestro’ en Calarcá, el día 14 de junio de 1968. Recuerdo muy bien la fecha, aún conservo el libro la Sagrada Biblia, lo gané en la rifa efectuada entre los asistentes, por el sacerdote Fernando López, párroco de Calarcá, me lo entregó él mismo con su firma respaldando la siguiente dedicatoria: “A Helí Giraldo, en la fiesta del Maestro, junio 14 de 1968, cariñosamente”.
Gisela y sus compañeras habían terminado compartiendo amistosamente con el grupo de maestros en el cual me encontraba yo y, al darse cuenta de que me había graduado de maestro en la Normal de Filadelfia, Caldas, le pareció importante que fuese a trabajar a su oficina. El departamento del Quindío tenía apenas dos años de creado como entidad administrativa independiente, segregada del departamento de Caldas, necesitaba en su oficina a alguien capacitado en áreas pedagógicas, prometió hablar con el gobernador, Ancizar López, para que expidieran el decreto de traslado, si yo estaba de acuerdo, a la Secretaría de Educación.
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