Por: Jesús Helí Giraldo Giraldo

La tolerancia, la flexibilidad, el amor y la compasión son las mejores herramientas de la convivencia su implementación es la mejor arma contra el espíritu del matoneo. Los niños que crecen en ambientes que cultiven estas virtudes vencerán fácilmente esa tendencia agresiva una vez surja en ellos, aunque no debería si el ejemplo adulto es bondad y virtud, somos fruto de la herencia y la experiencia, alumnos del mundo y su enseñanza. Los niños están aprendiendo el ejemplo de los mayores, a través de él se aprende y expande, la palabra amable enciende ambientes cuyas llamas de gratitud espantan la agresión.
Este tipo de comportamientos en el hogar acompañado de la paciencia que espera y no se desespera ante el paso del tiempo, sobre todo el ajeno, conserva la serenidad y la calma, todo tiene su tiempo: el semáforo, el desayuno, la petición en la oficina o el restaurante, todo requieren tiempo para cumplirse, concepto fácilmente entendible por la paciencia y comprensión humana. Unas personas son más lentas que otras, más parsimoniosas y otras más precipitadas, entender y respetar el uso del tiempo y el espacio evita que nos llenemos de irritabilidad y terminemos en acciones altaneras u ofensivas, ahí se fundamenta otro de los bastiones del matoneo, la irritabilidad, los autoritarios, dictatoriales y agresivos no esperan, rechazan la lentitud, no conceden descanso, maltratan por ello.
El polo opuesto de la irritabilidad es la paciencia, impulsemos esta actitud al asomar símbolos de matoneo irritable, en los niños, los menores, con la pareja, empleados, trabajadores, los miembros del equipo humano, en todo momento hacemos honor a la existencia humana en función del tiempo y el espacio, únicos parámetros que la deciden y modifican.
Otra consideración importante a tener en cuenta al hablar del victimario es que su odio constante, manifestado en la necesidad de hacer el mal, es una consecuencia del resentimiento y la amargura por complejas relaciones anteriores, aflicciones o tormentos del pasado que aún no ha podido perdonar. Heridas remotas reflejan su resentimiento en acciones vengativas por la incapacidad de enfrentar sus propios fantasmas, falta de perdón por vivencias ingratas que lo atrapan e inhiben su evolucionar, no disfruta el presente, la úlcera del rencor no sana, al infligirse, él mismo, su tormento, se niega a vivir y ser feliz, derecho que nadie puede quitarnos, por su falta de perdón, el individuo rencoroso y amargado, se suicida lentamente.
El amor y el perdón unidos constituyen el mejor antídoto contra el odio, implícito en toda agresión, a veces también expresión del miedo, algo paradójico pensar que el victimario también sufra de miedo, pero así es, la diferencia con la víctima es que mientras ésta huye, el otro ataca, su desconfianza por la venganza de sus atrocidades cometidas le muestran el enemigo en todas partes.
Ahí radica el papel de la educación si quiere formar buenas personas: inculcar en el menor el amor, la tolerancia y la gracia del perdón. El perdón es una exquisita herramienta que borra las heridas del cuerpo sutil, el sufrimiento es una decisión personal, solo uno mismo puede graduar el termómetro interior y decidir entre los hechos del ayer y el merecimiento a ser feliz, disfrutar la belleza de cada nuevo amanecer, expresar gratitud por la vida, salir de la caverna y mirar al sol de frente.
*Autor de: Eres tu actitud: una propuesta saludable (Amazon 2025)


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