Por: Jesús Helí Giraldo Giraldo. Presidente de Asecauca capítulo Bogotá
Nuestro hogar es sagrado, hay que cuidarlo y amarlo, es nuestro refugio y nuestros pies en tierra. Con esto quiero referirme a la Universidad del Cauca, casa y hogar de sus estudiantes, los de ahora, los de antes, los de siempre. Quienes la disfrutamos en años anteriores la seguimos viendo como nuestra fuente, la cuna que nos vio nacer a la vida académica y profesional, sentimos permanente gratitud esperando siempre verla grande hermosa y protegida.
Grande y hermosa no deja de serlo, desde el punto de vista objetivo y subjetivo, su importancia crece en el plano académico nacional e internacional a través de tantos años de historia. Doscientos años construyendo patria desde los cimientos más trascendentales reflejados en la transmisión de conocimientos para que los mejores valores humanos puedan desarrollar sus talentos y de manera certificada aplicarlos para el desarrollo y progreso nacional convierten al claustro Santo Domingo y a las demás sedes e instalaciones universitarias en recintos sagrados de gran trascendencia y respeto como insignia distintiva de Popayán, del Cauca y de Colombia, cuidarlo y protegerlo es compromiso inalienable para quienes allí estudiamos.
Los egresados llevamos con orgullo el lema de nuestra alma mater, el que ha de morir deje su luz a la posteridad, un compromiso y propósito, primero para devolverle a nuestra Universidad lo que nos entregó en los años de formación profesional y segundo para hacer de nuestro paso por la vida una verdadera misión del liderazgo, solo los líderes podrán dejar luz, así hacemos honor al legado universitario. Es un privilegio grandioso, como egresados, recapacitar sobre el plantel universitario que nos formó, esa visión de dejar luz hizo de nosotros unos seres comprometidos con la humanidad y la ciencia, cumplir en el desarrollo de nuestra vida profesional ese legado de manera consciente y comprometida
Protegerla y verla crecer y brillar en el ámbito nacional constituye parte del compromiso y sentimiento de gratitud hacia nuestra alma mater. Por ello sufrimos como en carne propia cualquier atropello contra sus instalaciones, a pesar de seres pasivos las edificaciones, tienen un gran significado como los estudiantes, los profesores y el personal administrativo, todos constituyen un símbolo respetable. La universidad es como la madre que se cuida y se debe respetar.
Por ello pedimos a quienes tienen el privilegio de estar en tan importantes y hermosos claustros cuidarlos, defenderlos y mantenerlos con la cara limpia, representativa de la importancia que tienen y el cuidado que se merecen, cada centímetro es sagrado, cada porción es elemento representativo del valor de nuestra Universidad, es como una célula del cuerpo humano, lo más diminuto constituye la integridad.
Por ello en medio de las manifestaciones y protestas es cuando más cuidado y respeto debe tenerse por las instalaciones, son símbolos de gran valor y así deben ser tratados antes que rayar sus paredes, en manifestación de violencia en rechazo a situaciones sociales, deben protegerse y demostrar el sentido de pertenencia, verdaderos valores que tenemos que cuidar y proteger. Luchar para mantenerlos bien hermosos, protegidos y cuidados aún en medio de la devastación, las instalaciones universitarias igual que los estamentos institucionales deben mirarse como el más valioso patrimonio de todos. Y toda la ciudad porque es el albergue de la institución.
JHGG, Bogotá, 28 de octubre de 2025


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