Por Jesús Helí Giraldo Giraldo
Después de año y medio de haber publicado este artículo, conservo la esperanza de encontrar respuesta y que cese la muerte de inocentes en el campo del conflicto. Un brutal ataque terrorista provocó la terrible reacción gubernamental
Dónde está la humanidad, preguntaba la señora, y después del grito su viaje continuaba hacia el sur de Gaza.
En medio de la multitud buscaba una respuesta a su clamor. Una foto en el periódico trajo su eco, desde la distancia lo escuché, nítido y sobrecogedor.
Ahora soy yo quien pregunta dónde está la humanidad ante la sed de sangre, insaciable, que muestran los enemigos de la vida cuando el poder se les sube a la cabeza, la soberbia y el odio empuñan las armas para destrozar todo lo que esté a su alcance, lo más fácil: las personas desarmadas, las mujeres y los niños, seres inocentes sucumben ante el poder destructor del espíritu satánico apoderado de unas mentes torpes no importa cuántos bienes materiales sean arrasados, cuántos edificios, instalaciones y recursos vean su fin, solo importa el odio vengativo, las ganas de saciar una incapacidad personal y bélica. Su enemigo les ha hecho un daño y no pueden encontrarlo ni vencerlo. La única salida es acabar con todo lo que se le parezca, sobre todo, con los blancos fáciles de destruir donde no haya escudos ni defensas, menos contra ataque.
Al no ser capaces de encontrarlo, o su alcance se ve lejos, en su afán de ejercer una defensa o cobrar una venganza lo que buscan es satisfacer su sed de sangre, sus ganas de matar, producto de la rabia envenenada con soberbia.
No importa la muerte de inocentes, que el delito no se quede sin castigo, grita la demencia enfurecida, temporalmente en tránsito por nuestro planeta tierra, bañándolo de sangre.
El culpable no puede caer, si así fuere se acabaría el mortal juguete bélico.
Bogotá, 9 de noviembre de 2023


Deja un comentario