
Su vientre fue mi lecho
El amor universal de la unidad divina
imprimió en su vientre
la creación humana y de amor fecundo
la llenó por siempre.
La fuerza de mi padre
transformada en vida.
en polos opuestos entregaste al mundo
y debido a su atracción yo soy.
Su cuerpo fue mi lecho
apacible lago su interior dispuso
con afecto cálido protegió del frío
al interno atleta que en la vida nada
Madre
Tú abriste mi sendero y pusiste ruta mi destino.
Llenaste mis venas con tu sangre y diste aire a mis impulsos.
Sembrado en mis entrañas
tu cuerpo fundiste con mi mente
el embrujo de tu encanto reina en mí,
¡Oh, madre ¡
Sombra serena de la noche
Albor y crepúsculo tu existencia encierra
eres la sombra serena
de la noche plácida, eres luz del sol alegre
anuncio del alba matutina.
El arrullo de tu voz es un llanto angelical
con candor lo excitas
eres el calor del rayo en el frío nevado,
eres viento refrescante para el sediento caminante
perdido en el árido desierto.
La sonrisa de una madre
Cuando una madre ríe
el sol en su esplendor transforma el horizonte
una orquesta celestial pone música a la vida.
Las aves del paraíso cantan
en su tonada alegre dan brillo al firmamento.
La alegría de una madre
es llama encendida en nuestros corazones,
la naturaleza vibra en armonía
con el ser universal que en su gloria la sustenta.
El vivir empieza
El amor universal engendró mi ser con su poder eterno iluminó el camino,
gloriosa existencia expandió su eco en el aire familiar que refrescó temprano.
Reciente chispa en la veloz carrera
surgió primero en millones compitiendo,
penetró en el alma el corazón
y el vientre infló de gloria la existencia mía.
La sangre ardiente que calentó el lecho
en agua fresca multiplicó nutrientes
llenó de vida y fuerzas suficientes
al nadador interno para salir dispuesto.
Cortesía: Jesús Helí Giraldo Giraldo, Luz y sombras, Amazon 2020


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