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Administrador: Jesús Helí Giraldo Giraldo. Presidente de Asecauca capítulo Bogotá. asecaucabogota@gmail.com

Canto a Popayán

CANTO A POPAYAN

Explicación de la colosal obra, redactada por el autor de la misma, Maestro EFRAIM MARTÍNEZ
A la izquierda del espectador, la figura sedente, vestida de blanco, que apoya la mano en un cetro, personifica a la ciudad de Popayán. A ella concurre toda la acción del cuadro. Delante de esta figura, la personificación de la poesía, coronada tañe una lira de oro.
Detrás, la primavera arroja flores sobre el desfile que llega a rendir tributo a la ciudad.
Después de la primavera, en la parte más alta, el espíritu de Don Quijote, junto al simbólico roble, vela por Popayán. Un grupo de tres aborígenes escalonados y atónitos, representan la pre-Colombia.
Las figuras de Camilo Torres y de Francisco José de Caldas, de rodillas delante de las gradas que sirven de base al pedestal de Popayán, simboliza el sacrificio. En primer término, el grupo de prelados ilustres nativos de Popayán, arzobispos Ignacio León Velasco y Manuel Antonio Arboleda, y obispos Pedro Antonio Torres y Juan Nieto Polo, representan ei carácter religioso de la
ciudad, expresado también en las iglesias al fondo. Al lado opuesto, lo civil está representado por la figura ecuestre de Belalcázar, quien mira hacia el futuro. El grupo de madres que conducen a sus hijos
alude a una de las estrofas más bellas del poema Canto a Popayán, por su poderoso significado. Sigue el grupo de la Conquista, imegrado por figuras representativas de las razas -la vencedora y las vencidas- que realizaron entonces una labor titánica con ayuda de la Religión, representada por un misionero que lleva la Cruz, eje del cuadro, y qué completa este grupo. Esta figura podía ser la del payanes Francisco de Figueroa, llamado «el Ángel de las Misiones» decapitado por los indios cuando evangelizaba entre el Apena y el Huallaga (ano de 1.666).
Viene después la Colonia, representada por una pareja ataviada con los suntuosos trajes de la época El caballero es don Joaquín de Mosquera y Figueroa, payanes, quien llegóa ser Regente de España. La dama completa la estampa colonial con su gracia y coquetería que entonces, como ahora, son el encanto de la ciudad.
El hidalgo que viste la capa española y que significa la transición entre la Colonia y ía República, es don José María Mosquera y Figueroa, hermano del anterior, denominado «el fecundo», y a quien Bolívar llamó «el primer ciudadano de América», y de quien dijo que si muerto su padre le fuera dado elegir uno, habría escogido al ¡lustre payanes. Este ofrece a sus cuatro hijos: el Arzobispo Manuel José («la víctima sacra»); el Gran General Tomás Cipriano de Mosquera, cuatro veces Presidente de la República; don Manuel María, el hábil diplomático, y don Joaquín, también diplomático y Presidente de la Gran Colombia.
El grupo de José Hilario López y los esclavos se ciñe a los versos que en e! Canto a Popayán exaltan, con plasticidad insuperable, la trascendental obra de este hijo de la ciudad» e! cual, con la abolición de la esclavitud, realzó uno de los ideales de Bolívar. Julio Arboleda, «el poeta soldado», conduce a la Pubenza, protagonista de su poema épico Gonzalo de Oyón; detrás José María Obando, llamado «el Edipo americano». Arboleda y Obando están los otros payaneses que ocuparon el sello presidencial: Froílán Largacha, Andrés Cerón, Euclides de Angulo y Julián Trujillo. Entre los últimos grupos figuran Carlos Albáb cuya hazaña del Lautaro le valió que el Maestro Valencia lo inmortalizara en su Canto, en símil estupendo; Sergio Arboleda, J Rafael Mosquera, el Conde de Casa Valencia, poeta y procer de
Independencia; Manuel José Mosquera, el conde de Casa Casa Valencia, poeta y prócer de la independencia, Manuel JoséCastrillón, apellidado «el estoico» por su impasibilidad durante e! martirio a que lo sometieron los pañoles; y Francisco Antonio Ulloa, compañero de Caldas en sacrificio.
Al fondo, en actitud de dibujar, don Adolfo Dueñas, ilustre pintor y arquitecto, mal estimado todavía, quien dio fisonomía a la ciudad. Detrás de éste, los historiadores Jaime Arroyo, Presbítero Manuel Antonio Bueno y Gustavo Arboleda, a quienes se ha de
consultar siempre que se trate de la historia de Popayán. Termina el desfile y al pie de la fronda de otro roble simbólico (el nuestro) Rafael Maya, consagrado hace mucho tiempo en el exterior y en nuestro país como uno de los poetas más recios y más
preparados de América; José Asunción Silva y Rafael Pombo, ancestro payanés, quienes figuran en ese cuadro como una alusión a esa vena poética y a ese sentimiento del paisaje que son característica de los hijos de Popayán, y que persisten aún desde varias generaciones y en ambientes completamente diferente,
al nuestro. La última figura es la de don Toribio Mayael santo, cuyas virtudes excepcionales todos tenemos muy freco recuerdo.
En el extremo derecho, en primer término, de pies, la piedra angular de un edificio de líneas de reminiscencia clási está la figura del Maestro Valencia, en actitud contemplativa mirando el lento desfile evocado por la fuerza y grandeza inspiración.
Sirve de fondo a esta composición la Ciudad su
«nostálgico pozo de olvido». Más lejos, las colinas culminan Puracé, bañado en luz crepuscular. Sobre la ciudad se cierro tempestad, personificada en la espectral figura de mujer que que encendida el espacio, portando la radial ofrenda. El cielo presenta
ese contraste caprichoso y frecuente de nuestro fenómeno atmosférico: tempestad y cielo azul, simultáneamente…

Fuente: Boletín informativo Lumen, 1986

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