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Administrador: Jesús Helí Giraldo Giraldo. Presidente de Asecauca capítulo Bogotá. asecaucabogota@gmail.com

Discurso del Maestro Guillermo Valencia en reinado estudiantil en  1923

Audacia de hoy, prudencia de mañana; progreso presente, tradición futura[1]

Foto en Bogotá en 1933

Discurso de Guillermo Valencia con ocasión de la entrega los símbolos de la Universidad del Cauca a los estudiantes, en la ceremonia de la coronación de la señorita Cecilia Cárdenas Arboleda1 como reina de los en Popayán, el 18 de diciembre de 1923. El Maestro Valencia fue el colombiano más apreciado de su generación como humanista, poeta y orador. Nació en Popayán el 20 de octubre 1873 y murió en la misma ciudad el 8 junio de 1943.

¡Majestad! Jóvenes estudiantes: La gentil soberana que habéis elegido a presidir nuestros ideales empeños me ha confiado el envidiable honor de entregaros la primera enseña universitaria, trabajada amorosamente, para vosotros, por propias manos patricias. 

El pendón, en sí mismo, así como su origen y destino, mueven mi alma con tal fuerza, que la dulzura de la gratitud y la reverencia de la estimaci6n, en mí se borran casi ante el ensalmo de levantar este estandarte que me parece un jirón del inaprehensible ideal, urdido y coloreado en forma aparente por quien es, a su turno, vivo símbolo de la belleza, de la distinción y de la gracia.

Este pabellón que ostenta los mismos colores que el de la Patria, exhibe en juego alterno las bandas azul y roja que han servido para distinguir, entre el revuelto campo de nuestra vida independiente, a las dos escuelas sin cesar disputan su hegemonía sobre el alma de la Nación; mientras el manchón gualdo, reservado al escudo, difunde la empresa memorable: Posteris lumen moriturus edat. El que va a fenecer entregue al que llega la luz del porvenir.

Esas cuatro palabras compendian, por modo maravilloso, la brega en pos de la sabiduría y el doloroso camino hacia la perfección, y cifran cromáticamente el ritmo de la historia, sustentadas aquellas, como están, por el restante campo bicolor, en donde el azul de la tradición refrena alternativamente el ímpetu purpúreo del progreso. ¿Qué fórmula más amplia pudiera concebirse que la que expresa el lema de vuestra bandera?

Pregona él lo precario de nuestras adquisiciones que resisten tan débilmente la contradicción de los que vienen de atrás, abriendo interrogantes pavorosos que implican el desquiciamiento de verdades proclamadas inmutables por quienes en su día ordenaron por ellas el conocimiento, sin suponer, jamás, ¿llegasen en pos otros a revaluarlas y a abolirlas? ¿Tolstoi o Lenin? ¿Newton o Einstein? 

Esa voz moriturus, abatiendo nuestra soberbia, nos doméstica en la humildad al saber que miramos hasta donde alcanzan nuestros ojos y creamos hasta donde podemos, sin dar nunca con la fórmula definitiva, influidos en todas direcciones, sin sentir jamás la sonda descansando en el lecho del mar que navegamos a la débil luz de esas a modo de fosforescencias cuales son los movibles, minúsculos y activos organismos que constituyen los varios aspectos de la vida. 

¿Qué dulce resignarse, una vez agotado hacia las alturas el ímpetu del vuelo, a plegar serenamente las alas, trémulas de fatiga, cual divino sudario de entre cuyos pliegues surgirá no muy tarde, irisada, la alma mariposa del porvenir! ¿Qué es el libro mejor en un artista entregó al mundo lo más puro de su pensamiento y lo más ardiente de su emoción, cuando el artífice se resigna a ver volar sus propias hojas ante el viento renovador que florestas, y a entregarlas sonriendo a la fiereza de la caducidad, sino el holocausto que ofrenda la virtud a la eternal belleza?

lo que se exige de nosotros, o de vosotros pide la divisa que vais a jurar, es que entreguemos risueños a las generaciones venturas la luz representada en esta inflamada antorcha, pero ha de ser la luz que sólo brota como de foco indeficiente de quien dijo delante del Eterno: ¡Yo soy la luz del mundo!  

He aquí el más hondo sentido y la más alta interpretación que pudiese yo darle a este lábaro de contradicción, equiparándolo a aquel otro que, presentido no más en la oscuridad de los antiguos tiempos, ha presidido durante veinte siglos, cuánto de puro, de bello, de heroico y de sublime soñaron o realizaron los hombres. Al traspasar a los que llegan, la tea que en breve instante crepitó en nuestras manos, ligamos con áureo anillo el hoy y el mañana, la tradición y el progreso. 

La cadena de la sabiduría se forma por aquellos eslabones que alternan, y, al enlazarse, integran el hilo conductor a través de los siglos, sustentándose recíprocamente, jugando en libertad uno en otro, al impulso de los cuatro vientos del espíritu, dentro del círculo que al Hacedor Supremo le plugo cerrar para cada uno, en la perenne vinculación de las causas. 

La audacia de hoy será la prudencia de mañana. El progreso del presente, tradición será en el futuro. Así como la voz de ¡tierra! que dio el piloto afortunado en la carabela colombina, desde donde avizoraba la turbia lejanía, tuvo sentido de pretérito al acabar de pronunciarse.

Resignaos a esta ley que es inflexible. Interpretad este ritmo que, como el del océano, mueve, dentro de la más amplia libertad las masas enormes y encrespadas. 

Esa es la norma eterna de la civilización humana. Sólo a Dios es dado romper y aventar la cadena, con la misma facilidad con que el ave, al pasar, corta la plateada hebra de las hilanderas arañas. 

Os entrego esta bandera en la pulquérrima excelsitud de su origen, para que llevada por vosotros y por los que habrán de sucedernos, sobre el atormentado campo de la investigación honrada, simbolice, en el venidero, victorias alcanzadas por vosotros dentro de la patria chica, para la colombiana y para la tierra entera que, a la postre, es la única propia nuestra por ser patria de la humanidad.

*Cecilia Cárdenas fue la reina de los estudiantes de Popayán. de 1924 a 1925, hoy viuda del médico Guillermo Figler Cárdenas, quien fue rector de la Universidad del Cauca.

Fuente: Luz a la posteridad. Ver: /libros


[1] Boletín informativo, Año 2 # 6 Período X-XII/1985

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