


Luis Fernando Velasco
Evento celebrado en el Capitolio Nacional el 12 de noviembre de 2015, con motivo de los 188 años de la Universidad del Cauca. En este acto se hizo Reconocimiento, por parte de Asecauca capítulo Bogotá, en cabeza de su presidente Carlos E nrique Manquillo, a los egresados: Luis Fernando Velasco Chavez, presidente del Senado, Gregorio Eljach Pacheco, secretario del Senado y Aurelio Iragorri Hormaza, expresidente del Senado. En este acto se honró la memoria del también egresado unicaucano Carlos Lemmos Simonds, expresidente de Colombia. en esta ocasión el presidente del Senado. Luis Fernando Velasco Chaves, entregó a la Universidad del Cauca La Orden del Congreso en grado Comendador, en manos del rector Juan Diego Castrillón Orrego, quien estuvo acompañado del equipo directivo del alma mater.


Gregorio Eljach Pacheco
Reconocimiento al secretario del Senado GREGORIO ELJACH PACHECO
Exalumno de la Universidad del Cauca, SECRETARIO General del Senado de la república. Le expresa orgullosamente reconocimiento y felicitación por su destacada carrera. pública y actividad profesional como Abogado bajo la inspiración de los más caros valores inculcados en la querida Universidad del Cauca.

Luis Fernando Velasco Chaves
Reconocimiento al Senador y presidente del Senado, LUIS FERNANDO VELASCO CHÁVEZ
Exalumno de la Universidad del Cauca, presidente del Senado de la república de Colombia. Le expresa orgullosamente el reconocimiento y felicitación por su brillante y destacado desempeño en las responsabilidades públicas, la política y su compromiso con la paz y el desarrollo de Colombia, inspirado en las directrices éticas de nuestra querida Universidad del Cauca.

Aurelio Iragorri Hormaza
Reconocimiento al Exsenador y Expresidente del Congreso JORGE AURELIO IRAGORRI HORMAZA.
Exalumno de la Universidad del Cauca, expresidente del Senado. Le expresa orgullosamente el reconocimiento a su destacada contribución al desarrollo de Colombia con su transparente y dedicada carrera pública y como garantía firme y acertada de horizontes para las generaciones del relevo.

Homenaje póstumo a Carlos Lemos Simmonds
Ex alumno de la Universidad del Cauca, quien, como vicepresidente de Colombia, ejerció la Presidencia de la república en 1997. Le expresa orgullosamente HOMENAJE PÓSTUMO, recordándole con afecto y gratitud por su valiosa contribución a Asecauca para el funcionamiento de la Universidad del Cauca, en 1979, cuando era secretario de la Presidencia de la república. Además, como reconocimiento a las responsabilidades públicas y políticas de Colombia, con apego a los más caros valores éticos.

Palabras de Alberto Efraín Ortiz, miembro de la junta directiva de Asecauca Bogotá
“No preguntes lo que tu país puede hacer por ti; pregunta lo que tú puedes hacer por tu país”. John Kennedy

Presidente Carlos Lemos Simmonds con su esposa Marta Blanco
Lo verdaderamente importante del doctor Carlos Lemos Simmonds, visto al trasluz de la modernidad en que anda la política en la actualidad, claro me refiero a la “política”, de Aristóteles, no a la de ahora que se ha vuelto dinámica, – flexible-, dicen los analistas políticos, no es que haya sido el décimo séptimo Presidente de la República que ha dado Popayán y el Cauca al país, que haya ocupado los más altos cargos del Estado, que haya escrito 10 y tantos libros, incontables columnas en las que siempre hizo evidente su conceptualización política, defendió a la nación y atacó la inmoralidad, que se haya enfrentado hasta con las más oscuras fuerzas que han amenazado la institucionalidad, por pensar en la paz, lo verdaderamente medular que la historia debe rescatar es su talento, su vocación investigativa, su conocimiento acumulado por décadas, su verticalidad y su transparencia en su proceder. Y aún más, ni siquiera eso.

Alberto Efraín Ortiz, miembro de la junta directiva de Asecauca Capítulo Bogotá en varios períodos, asesor de la revista Lumen (órgano informativo de Asecauca en los años 80’s)
Lo medular es el cómo asumió sus responsabilidades, la manera cómo se desempeñó en los cargos que el Estado le encomendó y la pulcritud en su gobierno, en la gobernabilidad que tanto reclamó y exigió que se ejerciera con ética, con criterio, con moral y conocimiento. De los miles de adeptos que encontraron sus ideas en la nación, ninguna, ni una sola, estuvo ensombrecida por la sombra tóxica y mortal de la ilegalidad.
Más allá de su amplia frente, de su claridad meridiana, de su palabra centellante, de la tempestad de su conocimiento, de su moral incorruptible, está el hombre sencillo que con su proceder dejó a la historia un ejemplo para que sea dignificado por las nuevas generaciones que seguramente en el futuro se identificarán con sus ideas. Allí, en esos resultados, en las semillas de esas nuevas generaciones está el mayor legado de Lemos Simmonds a su nación, a su departamento, a su amada ciudad, a sus hijos, a su esposa, Marta Blanco de Lemos, su compañera de todas sus batallas.
El periodismo –que tanto amó y respetó Carlos Lemos Simmonds–, está para orientar, para dirigir, visualizar para hacer que las sociedades puedan ver en el futuro. Como una antorcha debe relampaguear y sean cuales sean, las formas de gobierno que su luz cobije, jamás, óigase bien, jamás se debe apagar, callar o tratar de silenciar como ha sucedido en algunos desafortunados momentos de la historia. El periodismo sólo debe informar, para que el pueblo en su sabiduría decida, si prefiere el recuerdo o el olvido.
Una vez terminada la Constituyente y la Carta comenzó a aplicarse fueron diversos los reconocimientos para el ex Canciller Lemos. La directriz de su linealidad de conducta política le hicieron visible aún más en diversidad de escenarios. Y aún hasta sus contendores, a pesar de las disidencias aplaudieron y vieron el carácter, reconocieron el talante y el criterio con el cual Lemos asumió los más diversos problemas para salvaguardar al Estado.
“El doctor Carlos Lemos Simmonds creo que tiene la mejor de las representaciones, pues no ha hecho otra cosa distinta a cumplir con sus tareas propias del Estado incluyendo las Relaciones Exteriores de Colombia y su representación diplomática. En la última etapa de la vida nacional, la opinión pudo observar su fibra de estadista a través de las actuaciones y aportes que cumplió e introdujo en la Asamblea Nacional Constituyente y que están hoy plasmadas en la Carta Política adoptada en 1991 y que enmarca, bajo principios democráticos, pluralistas y participativos, el quehacer del pueblo colombiano como nación”. Dijo Julieta Merino, presidenta de la Comisión de Derecho de Asecauca, en el homenaje realizado en abril 18 de 1992 a hombres grandes del Cauca, los exalumnos doctor Carlos Lemos Simmnods, doctor Temístocles Ortega Narváez, Gobernador del Cauca y Luis Fernando Velasco, alcalde de Popayán. La lucha por moralizar la sociedad, por sembrar ideas en pro de que los nuevos ciudadanos tuvieran luces, faros para continuar la dinámica de moralizar las diversas funciones de los colombianos con el Estado, con los años fue más incisiva y contundente. Las fuerzas que quisieron sacar del camino a Carlos Lemos Simmonds, se fueron quedando sin razones y argumentos, rezagadas y la imposición del Estado se fue haciendo más evidente.
Desde otra frontera, en la crisis de 1979 que vivió y padeció la universidad del Cauca que estaba a portas del colapso, La Asociación de Ex alumnos de la Universidad del Cauca, Asecauca, Capítulo Bogotá, acudió ante el Dr. Lemos, quien en un gesto muy generoso invitó a los miembros de la junta directiva a sesionar en su oficina, en el antiguo Palacio San Carlos, para tratar el asunto de la Universidad, dice Jesús Helí Giraldo, entonces miembro de la junta directiva. En esa reunión –agrega– nos indicó cómo proceder ante el Gobierno Nacional y que él como Secretario General ayudaría en la siguiente reunión del Consejo de Ministros, en la cual participaba como coordinador. En esa reunión se concertó una cita con el Ministro de Hacienda a la que asistieron el doctor Luis Fernando Paredes, vicepresidente de Asecauca entre otros personajes. Ese era Lemos Simmonds. No se andaba con rodeos, ni palmaditas en la espalda, ni prometiendo lo que no pudiera cumplir.
Su franqueza lo llevó a ganar credibilidad, característica imprescindible de los líderes. Días después Asecauca, capítulo de Bogotá, recibió el oficio N. 237 del 23 de mayo del 79 de parte del Consejo Superior de la Universidad, el acuerdo en el que se agradecía sus buenos oficios en pro de la universidad. Hechos, no palabras. En ese gesto Lemos demostró para qué sirve el poder, para buscar el beneficio social y colectivo.Con su ayuda la universidad del Cauca salió de las dificultades económicas.
Lemos fue desde los inicios de su carrera política, consciente en sus propósitos y objetivos. La moral, la ética y el claro proceder en asuntos políticos y públicos fueron campos en los que trabajó y que él con su dinamismo hizo gala de cómo hacer y obrar. En su mundo nada estaba al azar. Sus primeros cargos gubernamentales siempre estuvieron respaldados por un sano proceder. Atacó con vehemencia y razones la corrupción. Hoy en pleno uso de la modernidad, cuando los nuevos órdenes mundiales exigen un sano actuar político, se sigue ratificando lo que dijo Lemos hace muchos años: “Uno de los peores, males que asola a Colombia es la corrupción”.
Su talante y su educación siempre estuvieron presentes en cada uno de sus actos públicos. En la época de la Constituyente cuando tanta gente a pesar de las amenazas, del terror sembrado por personajes que es mejor olvidar y del ejército de guardaespaldas que lo cuidaban, cuando alguien iba en busca de sus opiniones, su conocimiento a beber de su saber, en especial los estudiantes de las universidades, jamás dejó a alguien con la palabra, la inquietud suspendida. En su vida pública se aplica a la perfección la esencia central de la novela “Los Miserables”, de Víctor Hugo. Orden Moralidad y Gobierno, tres conceptos que debe tener claro todo buen gobernante, todo amanuense de la política, o persona que ostente el poder. No hay nada más atractivo que el poder, pero también supremamente peligroso.
En uno de los actos de Asceauca, capítulo de Bogotá dijo: “Para todos nosotros es dolorosamente cierto que nuestro país atraviesa por una terrible crisis en cuyo origen por lo menos para mí hay ante todo un derrumbe de los valores morales”. En ese momento de la reflexión Lemos ya auguraba lo que se le venía encima al país, los problemas que se iban a dar con mayor resonancia en una democracia que ha estado amenazada por todos los frentes y que nadie absolutamente nadie, sino los colombianos de bien están llamados a defender la institucionalidad con su claro proceder. Nada más, sólo eso.
“Hace algunos años – dice Lemos–, cuando ocupaba el Ministerio de Gobierno, pronuncié un discurso en Cali con ocasión de la inauguración de la sede de la FES y reclamaba ahí para Colombia, no una bonanza petrolera, ni otra bonanza cafetera, sino una bonanza moral.
Y decía, cómo en Colombia mientras suben los valores bursátiles bajan los valores morales, cómo en Colombia mientras se reevalúan tantas cosas que económicamente tienen alguna significación, se devalúa la vida, cómo en Colombia hemos sido desarrollándonos económicamente mientras nos hemos ido disminuyendo éticamente, yo creo que eso se debe en no escasa proporción a que se hayan olvidado las enseñanzas como aquellas que nos impartieron en los claustros universitarios”.
Como vemos son muchos los trazados que Lemos acuñó y dejó en la historia. Su respeto se lo ganó con su pluma y con su capacidad de análisis que le permitió ver más allá de la realidad, del entramado que han venido urdiendo los partidos a través de la historia. Que la paz es liberal o conservadora o de otro matiz.
Tal vez. Pero antes hay que hacerla y en el proceso hay que recordar los grandes ejemplos de la historia, y en ellos sin duda está el ejemplo inconfundible de Carlos Lemos Simmonds. El hecho que el M19 hoy esté en la vida civil participando de la democracia y construyendo antes que, destruyendo de algún modo, –algo tiene que ver–, Carlos Lemos Simmonds.


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